ANÉCDOTAS
Primera edición:
Palabras
de David Indacochea.
Participar en el Reto de los Misioneros, fue para mi una de las
mejores carreras que he corrido. Lo alucinante de este reto, es
que se conjugan una serie de factores totalmente fuera de lo convencional,
la dureza de los circuitos, los paisajes, el clima, el compartir
con los amigos ciclistas y la gente , etc.
En mi caso, quiero comentar que en la tercera etapa(el paso de
las 3 montañas), recorrido de 57 Km. Que consistía
en largas subidas (aprox.de 8 Km), bajadas, ríos, barro,
calor, etc. Cuando ya iba en la 4ta hora de carrera aproximadamente,
me encontraba en la ultima gran trepada, cuando de repente, en
medio del silencio y sufriendo mucho dolor, tanto físico
como psicológico, producido por el gran desgaste, se cruzo
delante mío, aproximadamente a 5 metros, un gato de monte
hermoso, de color oro oscuro, con manchas negras, en ese momento
sentí una sensación de frió, de pies a cabeza,
el timón de mi bici se fue hacia un lado, felizmente, pude
controlar y no perder el equilibrio, luego, fui asimilando el
encuentro y quede alucinado por la gran suerte de haber visto
un animal salvaje en medio de la selva.
Muchísimas gracias a los organizadores, lograron una gran
carrera, gran experiencia y desde ya, estaré atento a la
segunda edición.
David Indacochea Arana
Palabras
de Jorge Pun Stossel
Al anunciarse la realización de la primera edición
de la carrera de XC en San Ramón, Chanchamayo, denominada
"El Reto de los Misioneros", a más de uno de
mi grupo de amigos ciclistas nos llamó mucho la atención.
Era una competencia de ciclismo de montaña en San Ramón,
en Chanchamayo en nuestra selva central, a escasas 6 horas de
Lima, que por primera vez que yo vea en el Perú, presentaba
su propia página web, buena organización, descripción
de la carrera y muchos auspiciadores de la zona. Mi grupo de amigos
sabíamos que era un escenario espectacular para la práctica
de ciclismo de montaña, cualquier ruta o circuito sería
nuevo para nosotros, circuitos o caminos con otras características
nuevas que son muy motivadoras siempre, como simplemente estar
en caminos en selva montañosa, rodeados de vegetación,
en un clima cálido y soleado en el mes de agosto. Además
era una carrera por suma de tiempos, distribuida en 3 etapas en
dos días, o sea no nos ibamos a quedar con las ganas de
haber montado más. Para algo entrenamos semana tras semana
en lima, para algo competimos mes tras mes en diversas carreras,
para poder disfrutar de eventos como prometía ser este
Reto de los Misioneros.
Nos pusimos de acuerdo de inmediato Luis Fuster, David Indacochea,
Roberto Rios y Jorge Pun (el quien escribe), para ir juntos entre
amigos al Reto de los Misioneros. También habíamos
coordinado en encontrarnos con Gustavo Orellana y Roberto Alcántara
que iban juntos con algunos amigos suyos de pachacamac, y también
con Jonathan Davis y Mónica Velasquez. Toda la gentita
que siempre nos vemos las caras en cada competencia que nos ofrezcan.
Además del tipo de competencia en etapas en dos días,
el escenario de selva montañosa que considero insuperable
para el XC, el también ir un buen grupo de amigos... les
decía una y otra vez a mis amigos que este viaje no tenía
pierde.
Ya que la competencia se realizaba el sábado 25 y domingo
26 de agosto, nuestro salida de Lima fue el día viernes
en la tarde al salir del trabajo, viajando la mayoría del
camino de noche, pero muy entretenidos entre amigos, y llegando
a San Ramón a las 6 horas de viaje, a dormir unas 5 o 6
horas, pero bien dormidas con el sonido del río Chanchamayo
que te arruyaba, emocionados a la vez en que sea el día
siguiente de competencia.
Etapa 1 - contra reloj por equipos.
Juntándonos en la plaza de armas de San Ramón aproximadamente
a las 7:30 am para las inscripciones, ver a todos los ciclistas,
muchos desconocidos de otras provincias. Siempre hay algo especial
y sumamente motivador de estar preparándote para una partida
en otro escenario nuevo, en otra provincia, con competidores nuevos,
la mayoría desconocidos para uno, y en un recorrido que
la mayoría probablemente no conocía, lo cual era
un factor de adrenalina y de euforia adicional.
Nos juntamos todos los corredores de lima para formar nuestros
equipos de 4 para esta contra reloj por equipos. Fue fácil
amar equipos con estrategia al conocernos uno al otro y nuestras
cualidades. Era necesario que 3 de los 4 pasen la meta juntos,
pues contaría el tiempo del tercer ciclista de cada equipo,
el cuarto vendría a ser un seguro, por si acaso uno tuviese
una caída o problema mecánico o se quedase botado
uno. Estábamos entusiasmados con esta etapa, porque aunque
corta y casi simbólica, era una etapa para nosotros de
lima que hacemos ruta en plano y en pelotón, y que encima
nos conocemos y sabemos funcionar como equipo en pelotón.
También queríamos empezar bien la competencia y
recibir los 50 segundos de descuento como bonificación
para el primer puesto.
Se esperaba la partida de un equipo tras otro, nos tocó
ser uno de los últimos equipos en partir, ya a las 9 de
la mañana hacía un solaso y buscabas sombra para
sudar menos, pero todo este calor era muy bienvenido al haber
estado solo ayer en el frío invierno de Lima.
Se dio nuestra partida rodeado de mucho público lugareño
y de las diversas autoridades de la zona, siempre las competencias
en provincia suelen convertirse en una fiesta para el pueblo que
alberga la competencia. Corrimos juntos Gustavo Orellana, David
Indacochea, Jorge Acho y Jorge Pun, compactos y a un ritmo parejo
a través de las calles de san ramón, en un circuito
de casi 3 kilómetros al cual había que darle 2 vueltas...
deben de haber sido por lo menos 11 esquinas de 90 grados, la
mayoría sin asfaltar, lo cual lo hacía un verdadero
rally a su vez.
Sabía que Gustavo iba a liderar al grupo y que el juvenil
Jorge Acho estaba fuerte y probablemente aguantaría bien
también y que tendrían que ir a un paso que permita
que David y yo podamos mantenernos a rueda. Sin embargo al partir
me di cuenta que no me sentía bien, había desayunado
demasiados plátanos fritos y huevos revueltos y al parecer
no digerí bien. Vi que David venía entero a mi rueda
por lo cual le indiqué que se pegue a Gustavo porque yo
me iba a quedar ya que bastaba que ellos tres pasen la meta para
cronometrar nuestro tiempo como equipo. Sin embargo tenía
que seguir pedaleando pero quizás más cargado y
menos agitado, ya que si alguno del los 3 tuviese un problema,
sería mi tiempo el que contaría para el grupo. Tuvieron
un solo choque al frenar David Indacochea, quedándose rezagado
Gustavo Orellana por ello, por haber doblado su freno con el impacto.
Como venía rezagado yo como cuarto ciclista a 30 metros,
me esperaron David y Acho para que me empalmase y continuar sin
Gustavo. Sin embargo Gustavo pudo darnos el alcance más
adelante con lo cual pude yo soltar de nuevo al equipo y permitir
que Gustavo los lleve más fuerte de nuevo, seguí
persiguiéndolos a distancia con más calma a unos
50 metros y pasamos la meta triunfantes, con el primer lugar.
El equipo que pensábamos que podría también
disputar el primer puesto estaba compuesto por Luis Fuster, Jonathan
Davis, Roberto Alcántara y Mónica Velazquez, pero
por las características del circuito y frenadas bruscas
de Luis Fuster, hicieron que tanto Roberto Alcántara como
Jonathan Davis que venían a su rueda terminen en el piso
dos veces perdiendo tiempo valioso y teniendo que ceder muchas
posiciones.
Lo que pensábamos originalmente que iba a ser una contra
reloj en línea sobre asfalto, terminó siendo una
contra reloj sumamente entretenida en un circuito tipo rally,
en donde había que anticipar el camino, y las curvas, y
tener la calma necesaria para evitar enredarse con sus propios
compañeros de equipo.
Etapa 2 - Monobamba. 36.5km
Esperabamos un falso plano de 36.5 km para esta etapa, una etapa
de distancia mediana y suave, sobre una trocha carrozable, en
la cual se podría desarrollar un paso constante. Resultó
ser una etapa durísima, de falsos planos combinados con
trepadas a veces empinadas y sueltas a lo largo de una quebrada
y un río. Puro ascenso desde San Ramón a 800 metros
sobre el nivel del mar, hasta un pueblo llamado Monobamba que
se encontraba cerca a los 2000 metros sobre nivel de mar, un pueblo
de hecho con más características de pueblo de la
sierra que de la selva.
Los ciclistas partieron violentamente, y como nadie conocía
el circuito, nadie que quería quedar, quizás vendrían
planos en donde no convenía perder al pelotón principal...
y todos fueron aguantando hasta no poder más y la mayoría
empezó a quedarse regados en el camino, seguían
pedaleando pero ya a un paso de prueba de resistencia. Dado a
que tenía el desayuno en la garganta, fui de los primeros
de mi grupo de amigos que se quedó botado y recién
después de una hora pude sentirme mejor, encontrar mi paso
y empezar a pedalear algo mejor y recuperar muchísimas
posiciones. Sin embargo los últimos kilómetros nos
sorprendieron no solo con mayor altura que ya se hacía
sentir, si no con unas zetas en subida y buenas trepadas, las
cuales terminaron por descompensar a más de uno... pero
para este momento uno veía el pueblo al otro lado del río
que había que cruzar cargando la bicicleta. El agua del
río estuvo tan refrescante que más de uno se remojó
intencionalmente y se puso a beber agua heladita. Hubo una bonita
ceremonia de premiación y medallas para los ganadores de
ese día, y luego la municipalidad de Monobamba nos ofreció
diversos camiones y camionetas para llevarnos de regreso a San
Ramón esa tarde. El viaje de regreso en la zona de carga
de camión fue un cierre muy agradable de ese día.
Uno podía apreciar mucho del paisaje de regreso que uno
no podía apreciar durante la carrera en si, todas las subidas
y camino de trocha carrozable, la vegetación y árboles
que rodeaban y cubrían el camino, el río a lo largo
del camino, los cerros verdes del otro lado del camino, los puentes
que uno había cruzado, y todo esto acompañado de
un par de docenas de ciclistas satisfechos, era imposible no sentir
que éramos parte de un mismo grupo, compañeros todos,
unido por el ciclismo.
Etapa 3 - Paso de 3 cerros. 57km
Luego de un excelente almuerzo y cena y descanso del día
anterior, y un desayuno más sano y apto para un ciclista,
consistiendo de un plataso de fideos y nada de huevos o plátanos
fritos, nos sentíamos muy bien y animados. Esta etapa prometía
ser la etapa determinante por ser una etapa de 51km (terminó
siendo 57km) y tener que pasar 3 cadenas de montañas, que
incluía la mayoría trochas carrozables pero también
sus zonas de single tracks técnicos en laderas de cerros,
barro y todo lo demás que te puede ofrecer la selva montañosa.
Ésta empezaba, y luego del largo recorrido, terminaba en
la misma plaza de San Ramón. Se calculaba que aproximadamente
la mitad del recorrido iba a ser subidas y la otra mitad de bajada,
lo cual significaba obviamente que pasaríamos la mayor
parte de la carrera trepando. Una prueba de resistencia.
Luego de diversas ceremonias breves de la municipalidad y policía
de San Ramón que eran parte de la fiesta y la celebración
general, se partió en asfalto durante unos kilómetros
iniciales, lo cual de inmediato se convirtió en una carrera
de ruta, dividido en 3 pelotones trabajando en equipo, un pelotón
cazando al otro, hasta que salimos de la pista a la derecha para
encontrarnos de frente con nuestra primera subida o trepada en
trocha de tierra carrozable. Era otro día de sol caluroso,
y desde el arranque el paisaje era precioso y sumamente motivador.
Habíamos llegado bastante compactos los ciclistas a esta
primera trepada la cual se convirtió en una batalla de
inmediato, no hubo mucho respeto por parte de los ciclistas por
la distancia a la cual nos íbamos a enfrentar.
Las trepadas, aunque de trochas carrozables, eran de tal inclinación,
que por lo menos un tercio de los ciclistas, si no más,
se veían obligados a bajarse de sus bicicletas y caminar
las partes mas inclinadas de las subidas. Agregado a la inclinación
está el hecho de que estas trochas no son tan afirmadas,
debido a las características de la tierra de la selva,
y lluvias, éstas podían encontrarse por partes medias
desniveladas y empedradas, por otras arenosas en plena subida
y por otras con algo de barro. Desde ya había mucha técnica
involucrada en dicha trepada. También era sorprendente
ver a más de un ciclista con la llanta pinchada en la subida
debido probablemente a las zonas de la trepada que estaban cubiertas
de cierta vegetación, las cuales en mi experiencia había
que evitar por poder recoger espinas. Desgraciadamente habían
ciclistas con la llanta pinchada en el camino que pedían
cámara o inflador porque se habían lanzado a correr
una etapa larga y técnica, y desconocida sin inflador ni
cámara de repuesto, ni parches! Pasé a por lo menos
3 ciclistas en estas circunstancias en la primera trepada de 7
kilómetros, y faltaban aún 50.
Desgraciadamente era competencia y no podía prestar mi
propia cámara de repuesto ni inflador, ni detenerme a ayudar.
Era una carrera en donde uno tenía que haber ido como un
boy scout a una aventura en la selva, preparado para todo, si
no, corrías gran riesgo de perder toda la carrera de ese
día y con ello la suma de las etapas anteriores, y la finalidad
de todo el viaje. Luis Fuster perdió su probable primer
puesto en master por irse sin cámara ni inflador, pensando
como siempre que nada le iba a pasar, Jorge Acho le prestó
su cámara e inflador, pero Fuster reemplazó la cámara
sin revisar la llanta por lo cual se le volvió a bajar
la llanta probablemente por traer una espina clavada en la llanta,
lo cual lo obligó a terminar abandonando a pesar de la
ayuda recibida. Desgraciadamente más adelante pinchó
Jorge Acho, quien le había prestado sus repuestos a Fuster
y quedó sin repuesto, perdiendo así también
probablemente hasta media hora de tiempo y cualquier posibilidad
de podio y premio. Era una carrera en donde por la extensión,
uno podría darse el lujo de pinchar dos o hasta tres veces
y repararlo y probablemente terminar en el mismo puesto de todas
maneras.
Más adelante entramos a las primeras bajadas del día,
las misma descripción de las trochas carrozables de subida,
pero de bajada.... o sea inclinadas, pedregosas, desniveladas,
arenosas, por partes mojadas, por partes con barro, o sea extremadamente
divertidas y también técnicas si es que uno iba
a bajar a buen ritmo. Luego de una siguiente trepada terminamos
en unos single tracks angostos (rutas de cabra), entre chacras
de piñas en lo alto de las laderas de los cerros. Por partes
luego entrabas a selva tapada de nuevo y seguían los single
tracks ahora de barro con más de una raíz en el
camino que obligaba a uno cargar la bici, rodeabas árboles,
descendías para cruzar pequeños ríos de agua
en las quebradas, volvías a trepar de nuevo cargando por
partes la bicicleta, mientras tanto circulaban alrededor tuyo
mariposas gigantes azules, y anaranjadas y amarillas. El escenario
era tan increíble que no querías que se acabe nunca
la carrera.
Esta etapa luego de estar entre los cerros al frente de San Ramón,
luego de unos kilómetros de nuevo asfaltado de carretera,
pasó al otro lado del valle de Chanchamayo, para bordear
cerros de características similares detrás de San
Ramón. Todo era igual de bello e increíble, con
la diferencia que esta segunda mitad ya se sentía como
una segunda mitad, ya se había instalado el dolor, fatiga,
y más sed (la cual por suerte siempre fue calmada por haber
avituallamiento de botellas de agua durante la mayoría
del recorrido). Ahora si se había convertido en una carrera
de resistencia, en donde los ciclistas estaban esparcidos de tal
manera que no te cruces a un solo ciclista en más de una
hora, como fue mi caso. Era ya una etapa psicológica, de
seguir aguantando y seguir aguantando, sabiendo que cada vez avanzas
más y falta menos. Por suerte el camino era uno solo y
estaba bien señalizado, con lo cual sabías que a
pesar de no ver a uno solo ciclista en la última hora,
sabías que seguías en el camino correcto. La llegada
al pueblo de San Ramón fue cruzando un río un puente
de madera antiguo y uno a pesar de todo el cansancio, llegaba
motivadísimo a la plaza de armas de San Ramón en
donde esperaba un público que aplaudía calurosamente.
Gracias a hacer una buena etapa logré posicionarme tercero
en la categoría master, logrando el podio tres veces, primero
por la contra reloj por equipos, luego por esta etapa y luego
en la general, además de recibir premio en efectivo!
David y Roberto Rios (a pesar de tener problemas en una llanta),
llegaron también extremadamente felices y alucinados por
la etapa de este día. Los tres coincidimos que fue lo más
bacán que hemos hecho en el ciclismo en nuestras vidas.
Se tenía que estar en forma, si o si, pues te llevaba al
límite.
Al atardecer enrumbamos de nuevo hacia Lima sumamente contentos
y más que satisfechos con lo que había sido este
fin de semana, esperando que se repita y ya haciendo planes para
el año siguiente.
Requisitos para el próximo año es estar en forma,
buen estado físico y resistencia y también llevar
consigo cámara de repuesto, parches, un inflador que funcione
y quizás el juego de herramientas pequeño.
Jorge Pun Stossel